Desde que nací mis padres eligieron para celebrar mi santo el día 8 de julio, por ser la fecha más cercana a mi cumple. Hay otras dos santas Isabeles a lo largo del año, pero celebro la de julio.
Un día hace unos cuantos añicos, la Iglesia, decidió sin pregúntarme nada que decídía cambiar el día de mi santo para el 4 del mismo mes.
Me quedaban dos soluciones, cambiar el día de celebración o seguir haciéndolo el 8.
Ocurrió que la gente me comenzaba a felicitarme el 4 y les decía que yo seguía "por la vieja", pero erre, que erre...decidí que lo mejor era celebrar una semana entera mi santo, desde la víspera del 4 hasta la madrugada del 9 y así hice.
Me da resultado el asunto, de mis personas cercanas recibo doble regalo, también es verdad que tengo que hacer doble invitación, pero no me importa, me lo paso en grande y son unos días muy especiales.
Este año, una amiga muy especial que comparte muchos ratos de ocio últimamente conmigo, me propuso irnos de viaje. Me invitó a Asturias y como siempre acabamos prolongándolo por algún pueblín de Santander, Palencia y León.
Estuvimos alojadas en una casa rural que se llama "Posada de Babel". No entendía muy bien el nombre, pero la última noche que pasamos en ella descubrí el porqué. Durante la cena, medio ligamos con la vista con una atractiva mujer que estaba en solitario en una mesa, nos miraba, la mirábamos y nos sonreímos.
Al finalizar la cena, mi amiga que fuma, salió al jardín a fumarse un cigarrillo; nuestra buena amiga "de vista", nunca mejor dicho, también había salido a hacer lo mismo. Cuando terminé el postre, las fui a acompañar, tomándome la última copa de la noche en ese entorno paradisíaco.
Allí nos encontrábamos tres mujeres y una perra compartiendo espacio y conversación.
Ahora viene el final del cuento y lo más sorprendente, ella era australiana, no hablaba nada de español, ni de francés, se expresaba en inglés y nosotras del inglespitingles na de na.
Cómo hicimos? No lo sé, pero la conversación duró hasta pasadas la una y media de la madrugada. A esa hora decidimos que debíamos retirarnos a dormir.
Cuando subía las escaleras hacia mi habitación comprendí el porqué del nombre de la Posada. No compartíamos la misma lengua, pero llegamos a entendernos.
Seguirán los capítulos de este relajante viaje, os dejo una foto de Cleíto disfrutando del jardín.
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